viernes, 16 de octubre de 2015

LA COCINA DE RAMÓN."LLAMEN, POR FAVOR". LOGROÑO

Encontré la Cocina de Ramón un sitio elegante, de esos en los que para entrar hay que llamar al timbre, y esperar que te permitan pasar. No es esta costumbre habitual en estos lares, donde por el carácter extrovertido se aprecia mucho más la cercanía que dan las puertas abiertas.  A la diferencia que ya le aporta este pequeño detalle, hay que sumarle lo curioso de su distribución, con al menos tres comedores interconectados, que te permiten intuir la presencia de sus comensales y te invitan a aguzar el oído para captar la conversación de aquellos que crees conocidos, pero no consigues ver. Conocidos que encima en La Rioja, casi somos todos. En esta atmósfera que uno puede imaginar de novela negra, se apuntan detalles que desconciertan, como la decoración del techo y de sus puertas, en la que creo intuir un collage de recetas. Un guiño informal que por los ecos que me llegan no es muy apreciado o entendido en esta ciudad en la que esta visto que lo que gusta es lo uniforme y lo global: estilo industrial/estilo vintage. Allá ellos.
 
De primeras la presencia de producto de proximidad en la confección de sus menús es quizás lo más destacable en lo culinario del restaurante del rubio de los Cooking Team.(!!Y eso que estos días ofrece aquí trufa, blanca eso sí, del mismísimo Piamonte!!) Y creo que su cocina puede bien definirse como de Km 0, y eso señores es un punto más de singularidad y de estar alineado con la tendencia.

Valga como ejemplo de su oferta éste "menú de verano" que tuvimos la ocasión de disfrutar el pasado mes de septiembre, en el que tras la untada de aceite riojano, y un aperitivo a base de puerro, vino a ponerle color a la mesa este vistoso plato de tomatas de Logroño aliñadas con guindilla, que estaba tan sabroso y tan fresco como refleja la imagen precedente.
 
Excepcionales los puerritos de Varea al natural, y sin duda sorprendente el plato de cebolletas dulces asadas. Nada que envidiar a esos platos de verdura del Restaurante 33, con el que ahora mismo creemos encontrar como diferencia el que quizás Ramón no tenga su propia huerta. Perdón, y lo del vino. Aquí, la carta de vinos no disuade de pedirse un vino. O dos.


Como colofón de la primera parte, que por cantidad bien podría ser la única, pudimos probar su menestra. Una menestra sabrosa, de moderna presentación y elaboración: de esas de verdura suelta donde es fácil identificar cada uno de sus componentes, que además se presentan en diferentes cocciones y texturas.

 
No diré que le sería infiel con ella a la menestra de Marimar, la de Casa León, en Villamayor del río, que en cuestiones de menestra....no tiene igual, pero en versión moderna, esta menestra no está nada mal.

No quedo aquí la cosa, unos se decantaron por el rodaballo, calificado de exquisito, y yo, por un solomillo bien cocinado y aderezado con algo que le hacía saber diría yo que ahumado. Personalmente me resultó un plato muy agradable, al que sin duda, de haber sabido con antelación como iba a estar el postre, no le hubiera dedicado tanto espacio en mi estómago.


 
 
Y este fue el final....cuyo excelente sabor no me atrevo a explicar. Creo que volveré a por cebolletas y postre para terminar de redactar.

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